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Soledad...

... Soledad sin gesto ni palabra, transparente en el huerto y untuosa por el monte; soledad silenciosa sin olor ni veleta que pesa en los remansos, siempre dormida y sola. Soledad de lo alto, toda frente y luceros, como una gran cabeza cortada y palidísima; redonda soledad que nos deja en las manos unos lirios suaves de pensativa escarcha. En la curva del río te esperé largas horas, limpio ya de arabescos y de ritmos fugaces. Tu jardín de violetas nacía sobre el viento y allí temblabas sola, queriéndote a ti misma. Yo te he visto cortar el limón de la tarde para teñir tus manos dormidas de amarillo, y en momentos de dulce música de mi vida te he visto en los rincones enlutada y pequeña, pero lejana siempre, vieja y recién nacida. Inmensa giraluna de fósforo y de plata, pero lejana siempre, tendida, inaccesible a la flauta que anhela clavar tu carne oscura. Mi alma como una yedra de luz verde y escarcha por el muro del día sube lenta a buscarte; caracoles de plata las estrellas me envuelven, pero nunca mis dedos hallarán tu perfume. (....) de Federico García Lorca.

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Me recuerdas al verano. Fresca como el mar, salada. Eres estrella, como sus noches. Ardiente y luminosa, a puesta de sol. Me recuerdas al verano porque eres aventurera. A sábanas humedecidas, a piel mojada. A tórridos momentos.

manos